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El 70% de los estadounidenses rechaza los centros de datos de IA en su zona

Centro de datos de IA

Los centros de datos de IA se están encontrando con un problema que la industria no esperaba: la gente no los quiere cerca. Una encuesta del Pew Research Center publicada esta semana dice que el 70% de los estadounidenses se opone a que se construyan en su área local. Solo un 18% lo apoyaría. El resto no sabe o no contesta.

No es un dato menor cuando las grandes tecnológicas tienen planes de gastar cientos de miles de millones en infraestructura en los próximos cinco años. El rechazo tiene tres motivos principales, y ninguno es fácil de resolver.

La electricidad que se llevan

Un centro de datos moderno consume lo mismo que varias decenas de miles de hogares. Cada GPU — NVIDIA de las que usan para entrenar modelos gasta entre 300 y 700 vatios, y un cluster grande puede tener cien mil. En comunidades donde la red ya va justa en verano o la luz es cara, la idea de que llegue una instalación así no sienta bien. Las empresas suelen negociar tarifas industriales con las eléctricas, y los vecinos sospechan que acabarán pagando más para compensar.

El ruido y el agua que nadie vio venir

La mayoría asocia los centros de datos con edificios silenciosos. La realidad es otra. Los que se refrigeran por aire tienen ventiladores industriales que se oyen de fondo todo el día. Los de refrigeración líquida necesitan torres de evaporación y se beben millones de litros de agua al día. En zonas con estrés hídrico como California o el suroeste del país, eso escuece. Google y Microsoft — Microsoft AI han mejorado, pero un solo centro puede consumir entre 3 y 5 millones de litros diarios.

NIMBY se acelera

El fenómeno NIMBY —Not In My Back Yard— no es nuevo. Ha frenado parques eólicos, antenas de telefonía y casi cualquier infraestructura grande durante décadas. Pero el rechazo a los centros de datos de IA está creciendo con una velocidad que tiene a las empresas en alerta. En el último año, al menos una docena de proyectos han encontrado oposición organizada. En Virginia, el epicentro mundial del sector, varios gobiernos locales han aprobado moratorias. En Arizona, una comunidad entera se movilizó contra un centro de Meta — Meta AI que necesitaba 200 millones de litros de agua al año.

El cuello de botella no son los modelos

Aquí está el problema de fondo: el límite de la IA generativa no son los modelos. Son los centros de datos donde se ejecutan. Si la oposición social avanza al mismo ritmo que la demanda, las empresas tienen tres salidas: construir donde no les quieren, acelerar tecnologías de eficiencia energética mucho más de lo previsto, o trasladar la carga a regiones con menos regulación — AI Act.

La industria daba por hecho que la infraestructura se construiría sin más porque la IA es importante. La encuesta sugiere que esa premisa no se sostiene. La gente no ve los centros de datos como infraestructura crítica. Los ven como fábricas ruidosas que consumen recursos locales y mandan los beneficios a Silicon Valley. La paradoja es que sin ellos, los modelos que la gente empieza a usar en el día a día no pueden funcionar. La pregunta abierta es si la industria sabrá construirlos sin que las comunidades se sientan perjudicadas. De momento, los números no le dan la razón.