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Google y la era agéntica: la búsqueda da paso a agentes de IA

Gemini, el asistente de IA de Google, representado como interfaz agéntica

Google está viviendo la transformación más profunda de su historia. La compañía de Mountain View ha abandonado progresivamente el modelo tradicional de búsqueda basado en enlaces azules para abrazar lo que Sundar Pichai denomina la "era agéntica": un ecosistema donde Gemini actúa como orquestador de tareas autónomas, capaz de reservar vuelos, gestionar el correo electrónico, comparar productos y ejecutar acciones en nombre del usuario sin intervención directa. No es una actualización más del algoritmo. Es el fin de Google como lo conocíamos.

La mutación comenzó en el Google I/O de 2025, cuando la compañía presentó AI Overviews, pero se ha acelerado en 2026 con el lanzamiento de Gemini Agents, una plataforma que permite a los desarrolladores construir agentes de IA que se integran directamente con los servicios de Google: Gmail, Calendar, Maps, Flights y el navegador Chrome. En lugar de buscar información y actuar tú mismo, le pides a Gemini que lo haga y él se encarga de todo el proceso, desde la recopilación de datos hasta la ejecución de la tarea.

La diferencia con lo que habíamos visto hasta ahora es que Gemini Agents no se limita a responder preguntas: tiene capacidad de razonamiento multietapa, acceso a herramientas externas y puede encadenar acciones complejas sin supervisión constante. Si le pides que organice un viaje a Berlín, Gemini consulta Google Flights, reserva el vuelo, busca hoteles en Maps, los compara por precio y valoraciones, bloquea las fechas en tu calendario y te envía un resumen por correo. No pregunta cada paso: lo ejecuta.

El motor de la mutación: Gemini 3.0 y la capacidad de acción

El salto cualitativo viene de Gemini 3.0, el modelo lanzado por Google DeepMind en abril de 2026. A diferencia de sus predecesores, Gemini 3.0 incorpora un módulo de "tool use" nativo que permite al modelo llamar a APIs externas y servicios web sin necesidad de un middleware. Esto significa que Gemini no solo sabe qué información necesita, sino que puede obtenerla y actuar sobre ella en tiempo real.

Los benchmarks internos de Google, filtrados en varios análisis de medios como El Economista, muestran que Gemini 3.0 completa tareas complejas de planificación (como organizar un itinerario de cinco días con restricciones múltiples) con un 94% de éxito, frente al 67% de GPT-4o y el 72% de Claude 4 de Anthropic. La compañía ha abierto el acceso a esta capacidad a través de Google AI Studio, permitiendo que desarrolladores externos creen sus propios agentes personalizados.

El cambio no es menor para el negocio de Google. Cada vez que un usuario usa un agente de Gemini para completar una transacción —una reserva de hotel, la compra de un billete de avión, una suscripción a un servicio— Google obtiene una comisión o un fee de intermediación. La compañía ha empezado a llamar a esto "action commerce" y lo presenta como el relevo natural de la publicidad tradicional. Los analistas de La Razón calculan que este modelo podría generar entre 15.000 y 20.000 millones de dólares adicionales de ingresos para 2028.

El impacto en la búsqueda tradicional

La consecuencia inmediata de la era agéntica es que Google está dejando de ser un motor de búsqueda para convertirse en una plataforma de agentes. AI Overviews ya responde directamente a las preguntas sin necesidad de hacer clic en ningún enlace, pero con Gemini Agents el usuario ni siquiera necesita hacer la pregunta: simplemente delega la tarea.

Esto está generando un terremoto en el ecosistema de editores y medios digitales. Si los usuarios ya no visitan páginas web porque Gemini les resuelve todo en una conversación, el tráfico orgánico se desploma. Según datos recogidos por ABC, el tráfico a medios tecnológicos desde búsquedas de Google ha caído un 34% en los últimos doce meses en España, y la tendencia se acelera. Los editores llevan años dependiendo del tráfico de Google, y la era agéntica amenaza con romper ese vínculo por completo.

Google asegura que los agentes citarán las fuentes originales y que el modelo de negocio incluirá compensaciones para los editores, pero los detalles siguen sin concretarse. La propietaria de la información y la intermediación está cambiando de manos, y los creadores de contenido temen quedarse sin su principal canal de audiencia.

La reacción de la competencia

Microsoft ha respondido con Copilot Agents, su propia plataforma de agentes integrada en Microsoft 365 y Bing. La estrategia de Redmond es diferente: en lugar de construir un ecosistema abierto como Google, Microsoft apuesta por agentes integrados verticalmente en su suite de productividad. Copilot Agents puede gestionar tareas en Word, Excel, Outlook y Teams, pero no tiene acceso nativo a servicios externos como vuelos u hoteles. La ventaja de Microsoft es su base instalada de empresas: más de 400 millones de licencias de Microsoft 365.

Apple, por su parte, ha adoptado un enfoque más conservador. Siri con Apple Intelligence puede ejecutar tareas dentro del ecosistema iOS —enviar mensajes, crear recordatorios, controlar la domótica— pero no tiene planes de abrirse a servicios externos. La compañía de Cupertino prioriza la privacidad y el procesamiento en el dispositivo, lo que limita la ambición de sus agentes pero refuerza su propuesta de valor.

OpenAI ha lanzado GPT-5 Agents, una evolución de su asistente conversacional que ahora puede encadenar tareas complejas y acceder a internet de forma autónoma. Sin embargo, carece de la infraestructura de servicios que Google tiene con Maps, Flights, Gmail y Calendar. La fortaleza de OpenAI está en el razonamiento, no en la integración con el mundo real, y la compañía busca alianzas con terceros para cubrir ese vacío.

El desafío regulatorio

La era agéntica también plantea preguntas legales y regulatorias que ninguna compañía ha resuelto aún. Cuando un agente de Gemini comete un error —reserva el vuelo equivocado, cancela una reunión importante, compra un producto que no era el correcto—, ¿quién es responsable? ¿Google, el desarrollador del agente, o el usuario que lo activó?

La Unión Europea ya ha puesto el foco en este asunto. La AI Act, que entrará en plena vigencia en 2027, clasifica los agentes autónomos como sistemas de IA de alto riesgo si interactúan con servicios financieros, de salud o de infraestructura crítica. Google tendrá que demostrar que sus agentes cumplen con los requisitos de transparencia, supervisión humana y rendición de cuentas que exige Bruselas.

España, además, tiene su propia Agencia Española de Supervisión de la IA, que ya ha iniciado consultas informales con Google sobre el despliegue de Gemini Agents en el mercado español. El ministro de Transformación Digital ha declarado que la regulación debe adaptarse a la nueva realidad pero sin frenar la innovación, un equilibrio difícil de alcanzar cuando los agentes evolucionan más rápido que las leyes.

Qué significa para el usuario

Para el usuario medio, la era agéntica promete comodidad y ahorro de tiempo. En lugar de pasar veinte minutos comparando vuelos, leyendo reseñas de hoteles y coordinando fechas, basta con una frase: "Gemini, organiza un viaje a Roma para el puente de diciembre con un presupuesto de 800 euros." El agente se encarga de todo y presenta el resultado en segundos. Es una promesa tentadora, especialmente para tareas tediosas como la gestión de suscripciones, la renovación de seguros o la planificación de comidas semanales.

Pero también hay riesgos. La delegación de decisiones en agentes autónomos reduce nuestra capacidad de elección consciente. El agente optimiza según criterios predefinidos —precio, tiempo, popularidad— pero esos criterios los establece Google, no el usuario. Con el tiempo, podríamos acabar viviendo en una burbuja de decisiones filtradas por los algoritmos de la compañía, sin saber qué alternativas descartó ni por qué.

Google es consciente de esta crítica y ha anunciado que Gemini Agents incluirá un "modo transparente" que muestra el razonamiento completo del agente y todas las opciones que consideró antes de actuar. Pero la transparencia voluntaria rara vez es suficiente cuando el negocio depende de dirigir las decisiones de los usuarios hacia servicios que generan comisiones.

La era agéntica no es un experimento de Google. Es la dirección que ha tomado toda la industria, con Microsoft, OpenAI, Apple y Anthropic compitiendo por el mismo futuro. Lo que está en juego no es solo cómo buscamos información, sino quién toma las decisiones que antes eran nuestras.